La pérdida, cómo afrontarla

En general, la pérdida de algo importante puede suponer un momento de inflexión muy difícil para una persona conduciendo hasta una posible depresión. En general, cuando hablamos de pérdida, se tiende a pensarla como la muerte de un ser querido, pero no siempre es así. La pérdida, a rasgos generales, puede afectar a muchos ámbitos de nuestra vida, los cuales no solo van sujetos a la muerte.

Tipos de pérdida

Existen muchos tipos de duelos y no todos ellos implican la pérdida de un ser querido en el sentido más estricto de la palabra. Cualquier persona está sujeta a experimentar la sensación de pérdida en cualquier momento de su vida y en relación a cualquier aspecto que pueda influirnos.

La pérdida material

En este caso, se concibe que la pérdida material puede provocar, en ciertas personas, una sensación de desasosiego, aunque no todos la afrontamos de la misma forma. En algunas ocasiones, este tipo de pérdida deja un vacío muy grave en la vida de las personas, las cuales no saben cómo reaccionar ante ello.
Teniendo en cuenta los momentos económicos tan difíciles que vivimos, muchos pacientes acuden a consulta pues sufren los mismos síntomas psicológicos que las personas que han perdido a alguien cercano y querido. El vacío que dejan muchos elementos materiales, pueden suponer el desbarajuste emocional de aquellos que antiguamente lo poseían.
El trabajo, los ahorros, la casa, el coche… son algunos de estos objetos materiales que afectan a las personas con su pérdida. Aunque parece que es algo normal, no lo es. Existe realmente un cierto duelo, con la misma experimentación de dolor que si se tratase de una persona pues, este tipo de elementos marcaba la vida del paciente.

La pérdida personal

Este tipo de pérdidas, no siempre conllevan a la muerte como norma general. Sí que es cierto que, en todas y cada una de sus variantes, supone un desasosiego para la persona difícilmente reemplazable y costoso de asumir y superar. Este tipo de pérdidas, son las que más cuesta solucionar, pero no siempre son las que más descontrol emocional causa.
Entre las pérdidas personales, contamos con la muerte de algún ser querido, como los padres o –en casos más traumáticos- los hijos. Sin embargo, un divorcio, la pérdida de la custodia de un hijo o la desaparición de alguien cercano a la familia, recrean en el paciente los mismos síntomas que la pérdida por culpa de la muerte.
Como ya hemos dicho, estas pérdidas son las más costosas de superar ya que el objeto de discordia no es algo puramente material que, a fin de cuentas antes o después, se podrá reemplazar.

Fases de la pérdida

No importa si la pérdida del paciente es personal o material, en ambos casos se experimentan las fases de duelo convencionales. El abismo al que se enfrenta la persona, debido al vacío y al desasosiego que causa la ruptura con la rutina, es lo que hace que las personas afronten y sufran las fases de la pérdida por igual.

Negación

Esta resulta ser la primera fase del proceso de pérdida. En ella, el paciente no puede concebir el hecho de haber perdido algo, no cree que realmente algo así esté sucediendo. El problema de esta fase de pérdida, es que muchas personas no quieren ver que la pérdida existe realmente y, por lo tanto, no están preparadas para afrontarlas. Siguen creyendo que, en algún momento, todo volverá a la normalidad.

Enfado

Esta es la etapa que sigue a la primera. Es una fase de la pérdida mucho más complicada pues en esta, el paciente debe hacer frente a la ira que le provocan sus miedos e incertidumbres. En general, es la fase en la que no se conciben los hechos, se renuncian ya que no son sucesos que se esperan.

Negociación

En esta fase de la pérdida, los pacientes empiezan a entender las cosas, sobre todo por qué pasaron. Sin embargo, intentan negociar con su entorno y con ellos mismos, una solución plausible para crear una regresión al futuro con la intención de mejorar las cosas.

Tristeza

En esta fase de la pérdida, el paciente es mucho más vulnerable que en cualquier otra fase pues es el tiempo en el que todas sus emociones están a flor de piel y son casi incontrolables. En general, los pacientes pasan de la ira al bienestar y de este a al llanto de forma casi instantánea. En este momento, los pacientes son conscientes del vacío que se les ha quedado, lo cual lleva a un exilio casi voluntario para descubrirse a uno mismo. Es la fase más larga y profunda ya que la soledad del paciente parece interminable.

Aceptación

Con el paso del tiempo, la tristeza desaparece, aunque no la sensación de desasosiego del paciente view it. En ella, la persona comienza el proceso de asimilación de los hechos y el razonamiento interno para aprender de la propia pérdida y convivir con ella.

Afrontar la pérdida

En la sociedad en la que vivimos actualmente, nos tenemos que enfrentar con muchos casos que no se han tratado frente a una pérdida. Esto sucede pues nonos educan para la misma. Educar a los niños con la pérdida en su día a día, supone que, a la larga, podrán aceptar y afrontar las fases de la pérdida de una forma mucho más rápida y madura, no cayendo en problemas derivados de adicciones como el alcoholismo, la drogadicción, la depresión, etc.
Es muy difícil saber cuánto tiempo le va a llevar a una persona afrontar una pérdida, pues el proceso es completamente diferente en todos los casos. Hay pacientes que no experimentan algunas fases de la pérdida lo que los hace mucho más vulnerables a largo plazo, pues son problemas emocionales que no se han tratado de la forma adecuada.
En nuestro caso, para poder afrontar la pérdida de la mejor de las maneras, aconsejamos algunos ejercicios con los que el paciente puede expresarse de forma libre y autodidacta. Escribir sobre los sentimientos, dibujar, hacer música, bailar… son expresiones en sí mismas de la pérdida. Por eso, nosotros alentamos a los pacientes y a sus familiares que hagan esta serie de ejercicios.

Lo mejor para poder afrontar la pérdida es pasar por todas las fases que existen. De este modo, la recuperación del paciente será la óptima, sin causar graves trastornos comportamentales en un futuro.

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