manchas felicidad

Manchas de Felididad.

Lunes, cinco de la tarde, Jimena sale del cole saltando y brincando a contarle a su mamá qué tal le ha ido el día y pregunta: “Mamá, ¿qué toca hoy? ¿Podemos ir al parque?” “Toca Natación y date prisa que empiezas a y cuarto”. Martes, cinco de la tarde, Jimena sale del cole saltando y brincando a contarle a su mamá qué tal le ha ido el día y pregunta: “Mama, ¿qué toca hoy?” “¿Pero cómo sales hoy de sucia, has estado en el barro? Tienes inglés en media hora, anda vamos a casa que te cambie”. Miércoles, cinco de la tarde, Jimena sale del cole saltando y brincando a contarle a su mamá qué tal le ha ido el día y pregunta: “Mamá, ¿podemos quedarnos un rato con Julia jugando? ¿Qué toca hoy?” “Toca natación, como todos los miércoles”. ¿Y los jueves? Inglés y solfeo. ¿Y los viernes? Coro. ¿Y los sábados por la mañana? Tenis. Y deberes, y exámenes, y ayudar a mamá en casa y… y… y…

Imagina por un solo momento que al salir de trabajar no pudieras hacer lo que te apeteciera, que para poder seguir conservando tu trabajo y que los tuyos estuvieran contentos contigo, tuvieras que ir al gimnasio los martes y jueves, los lunes y miércoles a clases de inglés, los viernes a pádel y los sábados por la mañana a música; pero al salir de ahí y llegar a casa, tuvieras que seguir trabajando, mínimo una hora al día. Yo, desde luego, no podría soportarlo, necesito tiempo libre, y los niños también.

Querer darle a los hijos lo mejor es algo maravilloso, la intención es la correcta. Una buena educación, una preparación para el futuro, nuevos aprendizajes…, es muy bueno para tus pequeños. Pero ¿cómo podemos estar tan seguros de que lo mejor es cargarlos de obligaciones? ¿Por qué no se lo preguntamos a ellos? ¿Por qué no los escuchamos? Yo no me imagino a muchos niños de seis años diciendo que lo que más les gusta es estar todo el día ocupados o aprender inglés para que el día de mañana puedan estar más preparados. Está claro que la función de los padres es ocuparse de todo aquello de lo que los niños no pueden ocuparse por sí solos y parte de ello consiste en preocuparse de su futuro. Pero los niños quieren jugar en el parque, en el patio del colegio, en casa, con muñecas, con plastilina, con cochecitos, con sus amigos, solos y, sobre todo, contigo.

Los niños quieren jugar y lo necesitan, por y para su correcto desarrollo. Jugar les ayuda a ejercitar su coordinación motora, a desarrollar su creatividad y curiosidad, a estimular sus sentidos, a planificar, organizar y tomar decisiones, a fortalecer sus vínculos familiares y sociales, a expresar emociones y, por encima de todas las cosas, a disfrutar de su preciada infancia. Es parte de su preparación para el futuro, de su formación.

Seguro que si echas la vista atrás, evocando tus recuerdos más felices, estarán llenos de libertad, de descontrol, de ingenio y puede que de alguna cicatriz, momentos únicos que creaste única exclusivamente con un objetivo: ser feliz en ese preciso instante. La educación es importante sí, pero también lo es la libertad y la creatividad. Los niños necesitan llegar a casa sucios y con las rodillas magulladas de vez en cuando, porque esas serán sus manchas y heridas de verdadera felicidad.

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