Cuando hablamos de trastornos del habla nos referimos a aquellos problemas que afectan a la mecánica concreta de la producción del habla. Ésta se lleva a cabo gracias a dos procesos claves, la fonación y la articulación. Por lo tanto, cualquier alteración en alguno de estos dos procesos afectará a nuestra capacidad para expresar el lenguaje.

Clasificación de los Trastornos del habla.

  • Trastorno de la articulación: estos trastornos reciben el nombre de dislalia. Constituye uno de los trastornos del habla más frecuentes y está caracterizada por la incapacidad para pronunciar o formar correctamente, ciertos fonemas o grupos de fonemas. Se origina por diferentes causas, no reviste gravedad y con una intervención logopédica temprana se obtienen resultados sorprendentes. Se insiste en su tratamiento precoz, para evitar consecuencias negativas por la influencia que ejerce sobre la personalidad del niño y su adaptación social, así como en su rendimiento escolar, ya que las frustraciones que se pueden derivar llegan a afectar a su equilibrio emocional y desarrollo intelectual. Las patologías que se enmarcan aquí son las siguientes:
  1. Dislalia evolutiva: constituye una de las etapas fisiológicas en el desarrollo del lenguaje. Debido a la inmadurez del sistema nervioso, se produce una incapacidad para poder realizar praxias orobucofaciales. Esto lo podemos encontrar en niños con una edad comprendida hasta los cuatro años, los cuales pueden presentar dificultad en algún fonema, sin ningún daño orgánico específico u otro problema. Desaparece espontáneamente, llegándose a intervenir trascurrido dicha edad si el problema persiste. Se puede establecer un tratamiento a modo de prevención trabajando el soplo y los movimientos linguales entre otros aspectos.
  2. Dislalia funcional: no existe una alteración orgánica, simplemente hay un mal funcionamiento en los órganos articulatorios debido a diferentes causas como una falta de estimulación lingüística, imposibilidad de imitar movimientos o errores perceptivos entre otros más. Suelen ser resultado del aprendizaje y habituación de pautas incorrectas o a una inmadurez del sistema articulatorio. Se diagnostica a partir de los cuatro años ya que antes se considera que puede deberse a una falta de madurez. La intervención logopédica esta dirigida al fonema a tratar y su objetivo final será su correcta articulación en cualquier contexto.
  3. Dislalia audiógena: se produce una confusión de los fonemas debido a la dificultad en la discriminación fonética. Esto es consecuencia de una deficiencia auditiva. En estos casos es muy común la confusión de fonemas concretos debido a la intensidad que conllevan éstos a la hora de su percepción. El logopeda debe de percatarse para derivar al otorrinolaringólogo y así corroborar el diagnóstico, descartando así otras dislalias. Una vez el niño cuente con su ayuda protésica comenzará la reeducación logopédica.
  4. Dislalia orgánica: en este tipo de dislalias sí que existe una lesión orgánica, la cual conlleva la incapacidad para articular correctamente. Su etiología dependerá de la localización de la lesión. Si dicha lesión se encuentra en las cajas de resonancia (nariz, labios, dientes…) recibirá el nombre de disglosia. Si por el contrario la lesión se encuentra en zonas del Sistema Nervioso Central que gobiernan los músculos que intervienen en los órganos bucofonatorios, recibirá el nombre de disartria.
  •  Trastornos de la fluencia verbal: hace referencia a aquellas patologías caracterizadas por interrupciones de la expresión verbal, ya sea en forma de repeticiones o de prolongaciones de las sílabas, palabras o sonidos. En la mayoría de los casos, estos episodios acompañan de tensión muscular, miedo o stress y suelen estar relacionadas con factores biológicos, psicológicos y sociales, haciendo que estas disrupciones, se conviertan en algo incontrolable por parte de la persona que lo padece. La disfemia o más comúnmente conocida como tartamudez puede ser, disfemia clónica (repeticiones), disfemia tónica (bloqueos), disfemia mixta (ambos episódios). Al igual que en otros trastornos, la disfemia también se manifiesta de forma temprana en niños (disfemia evolutiva), considerándose normal hasta los cinco años. En estos casos la intervención logopédica tiene un carácter preventivo, donde se puede dotar a los padres de unas pautas de actuación y control logopédico. No obstante cuando el problema no mejora, sí que se requiere de una intervención más directa y estructurada, ya que este trastorno esta ligado a prejuicios peyorativos sobre la persona que lo padece y si no se actua a tiempo puede desencadenar problemas emocionales, sociales e intelectuales.

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