trampa ansiedad

Ansiedad; taquicardia, tensión muscular, calor, presión en el pecho, dificultad para respirar… así es como sabemos que está ahí. Pero, ¿qué es en realidad? ¿cuál es su función? ¿para qué sirven esas desagradables sensaciones físicas a las que llamamos ansiedad?

La naturaleza de la ansiedad.

La ansiedad no es ni más ni menos que una respuesta instintiva ante una situación, persona o cosa evaluada como peligrosa. El cuerpo se prepara para huir, para sobrevivir al peligro; el corazón bombea más rápido y aumenta la respiración para que los músculos tengan más sangre y oxígeno; la digestión y la respuesta sexual se paralizan (es mucho mas importante huir); los músculos se tensan y se preparan para la acción; etc. Un avión, un perro, los espacios abiertos, hablar en público…, cualquiera de estos estímulos nos serviría como ejemplo de algo que el cerebro en algún momento etiquetó como peligroso y así consta en nuestros registros mentales.

Ahora bien, si somos conscientes de que hablar en público en realidad no tiene por qué ser peligroso, que los aviones son el medio de transporte más seguro o que los perros la mayoría de las veces no atacan ¿por qué nos genera esa sensación de ahogo, ese miedo que hace que la ansiedad se dispare una y otra vez?

Veamos por ejemplo el caso de Marta, una chica de 22 años que aprendió el miedo a los perros mediante alguno de los tres modelos de aprendizaje que vimos en el post especializado en Repetición de Errores. Marta se encuentra caminando por la calle camino a la universidad y aparece por la esquina un señor paseando tranquilo con su perro atado, su cerebro detecta la señal de peligro y se dispone a hacer lo que la inercia le pide, huir, se cambia de acera y se aleja del peligro. Esto hace que su ansiedad se reduzca, es decir, le produce un tremendo alivio. Marta lleva años haciendo lo mismo, ha ido aprendiendo por qué zonas tiene menos probabilidad de encontrarse a un perro, evita los parques, no va a casa de sus amigos con estas mascotas y un sinfín de medidas de seguridad que le ayudan a no pasarlo tan mal. ¡Que lógico!, si le produce malestar y evitar estas situaciones o huir de ellas le produce alivio, es lo natural que lo haga una y otra vez.

¿Cómo vencer nuestros miedos irracionales?

Lo que Marta no sabe es que la trampa de la ansiedad es la que está haciendo que no sea capaz de superar ese miedo. ¿Qué esta ocurriendo para que Marta no pueda superar su miedo? Cuando la inercia le obliga a huir o evitar estas situaciones, aparecen dos fenómenos que la condenan a seguir sufriendo este miedo.

Por un lado, todas los pasos que le llevan a huir o evitar se automatizan, las siguientes situaciones donde aparezca el miedo, más rápido sentirá la respuesta de ansiedad y más rápido o de manera más experta huirá.

Y por otro lado, la potente respuesta de alivio continuará reafirmándola en que lo está haciendo bien, ¿cómo va a ser malo algo que nos hace sentir tan bien? Y así, Marta no deja que su cerebro compruebe y reevalúe que si se quedara en esa situación y dejara de huir y escapar, el espejismo del miedo se evaporaría, ya que, con una alta probabilidad, sus temores anticipados no se cumplirán.

Por lo tanto, a corto plazo la ansiedad se reduce, pero a largo plazo no solo no superamos nuestros miedos y eludimos la ansiedad, sino que la ansiedad se va generalizando y asentando más en nosotros.

En resumen, todo problema de ansiedad es mantenido por estas dos variables: la evitación y el escape. A corto plazo generan un potente alivio del malestar; pero, he ahí la trampa…, este alivio será solo temporal y técnicamente será el responsable de que un problema de ansiedad se perpetúe en el tiempo. Un buen terapeuta especialista en problemas de ansiedad, te explicará qué es lo que está sucediendo en tu caso y te ayudará, mediante técnicas y estrategias, a afrontar tus miedos sin tener que recurrir al escape y la evitación.

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