La relación que mantenemos con los demás siempre tiene dos direcciones, nosotros influimos en los pensamientos, actitudes y deseos de otras personas, y a la vez, somos influidos por ellas. Del desarrollo de las habilidades sociales depende que este intercambio comunicativo constante sea positivo.

El primer paso para mejorar nuestras relaciones sociales es analizar el tipo de situaciones que nos cuesta más afrontar y desde este análisis desarrollar las estrategias adecuadas para afrontar con éxito dichas situaciones que en ocasiones nos superan en la interacción con los otros.

Tener habilidades sociales implica tener la capacidad de relacionarnos con los demás en forma tal que consigamos un máximo de beneficios y un mínimo de consecuencias negativas, tanto a corto, como a largo plazo.

El concepto de habilidades sociales incluye elementos como la asertividad, la autoestima y la inteligencia emocional; y en relación a estos elementos se encuentran factores cognitivos (creencias, valores, formas de percibir y evaluar la realidad), que determinan nuestro estilo y que promueven en nosotros actitudes más o menos adecuadas o satisfactorias.

Todo este aprendizaje se traduce en ser más habilidoso/a, tener estilos de comunicación efectiva, manejo adecuado de las emociones, entrenamiento asertivo, vencer el miedo a decir no y en consecuencia el fortalecimiento de los vínculos afectivos con nuestros allegados y la mejora de nuestras relaciones con las personas con las que convivimos, trabajamos… en definitiva, con el mundo.

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