que origen depresion

Seguro que has tenido épocas en las que las tareas del día a día te resultaban más pesadas, épocas en las que el tedio se apodera de tus tardes y te cuesta más pensar, actuar, decidir… Puede que no hayas sufrido una depresión clínica, pero sí seas consciente de lo devastadoras que son esas épocas y, por consiguiente, de lo destructora que puede llegar a ser una depresión.

La depresión es el trastorno psicológico más frecuente, alrededor del 10% de la población llegará a estar deprimida en algún momento de su vida. Estamos hablando de una gran cantidad de personas que sufren día a día un cambio emocional que afecta a su forma de sentir, de pensar y de actuar. La tristeza, el cansancio y las ganas de llorar se apoderan de los sentimientos; aparecen pensamientos más oscuros y negativos; y la persona actúa dejando de hacer aquellas cosas que le resultaban agradables.

Para poder entender la depresión, dividiremos en dos las fases que llevan a la persona a continuar en ella: el origen, del que hablaremos en este post, y el mantenimiento, que lo dejaremos para hablar más adelante.

En el origen de la depresión confluyen dos factores: pérdida de reforzadores y vulnerabilidad psicológica.

Cuando hablamos del origen, hablamos del inicio, el detonante, cuáles fueron los factores que llevaron a la persona a sumirse en ese estado emocional. De manera esquemática tienen que darse dos factores para que se inicie una depresión. Por un lado, que la persona sufra un cambio vital que perciba como desagradable y, que la misma, cumpla con algunos de los factores de vulnerabilidad que le harán más frágil para sumirse en la tristeza y no poder salir de ella de manera natural. Vamos a tratar de explicarlo…

Pérdida de reforzadores – Clasificación.

A los cambios vitales que hemos comentado los llamaremos de manera técnica pérdida de reforzadores, la persona se ve privada de algo que subjetivamente consideraba importante y el balance entre los aspectos positivos y los aspectos negativos de su vida se desequilibra. Pero tipos de pérdidas podemos encontrar de muchas clases, Sevilla y Pastor proponen una muy buena manera de clasificarlas:

  • Cambios vitales. Hay cambios en la vida de la persona, que le afectan negativamente. La pérdida o enfermedad de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una relación, la casa… Su magnitud o alcance va a depender también del valor subjetivo o interpretación que se le dé a la pérdida.
  • Acumulación de pequeñas pérdidas. Pequeños cambios vitales que, en principio, no tendrían por qué vivirse como negativos si aparecieran aislados, van sumándose y al final la gotita que colma el vaso hace que la persona sufra una gran tristeza.
  • Ruptura de cadenas conductuales. Cuando se producen cambios ambientales en los que aparentemente la persona no ha sufrido pérdidas, continúa haciendo lo mismo, pero se está deprimiendo. Cambiarse de casa, cambiar de amigos, de trabajo…
  • Aumento en la cantidad o la calidad de la aversión. Que se produzca un aumento significativo de los eventos negativos que se perciben. Aumento de trabajo y del consiguiente estrés, estudiar a contrarreloj, tener a familiares en casa…
  • Pérdida de reforzadores simbólicos. Determinadas circunstancias llevan a la persona a dejar de creer en valores filosóficos o morales que ha tenido durante toda su vida. Dejar de creer en la justicia, en Dios, en la religión…

Cuando en la vida de la persona surgen alguna de estas pérdidas, la persona se ve sumida en un periodo de tristeza normal, al que podemos llamar duelo. En caso de que no consiga afrontar este proceso de manera eficaz, comenzará a sentir los cambios emocionales, cognitivos y comportamentales mencionados, empezará a deprimirse. Y como parte de este proceso se modificará el funcionamiento bioquímico del Sistema Nervioso Central. El cerebro segregará menos neurotransmisores, los encargados de la regulación del estado emocional, lo que ayudará a que la depresión se asiente.

Factores de Vulnerabilidad para la depresión.

Muchas investigaciones han demostrado que, amén de la pérdida de reforzadores, existen ciertas circunstancias personales o factores de vulnerabilidad que facilitan un mal afrontamiento de la tristeza. Estos factores serían:

  • Un estilo de vida en el que el balance entre lo positivo y lo negativo ya está de antemano desequilibrado con más peso en el lado negativo. La persona tiene más obligaciones o estresores que actividades placenteras.
  • Una forma de pensar, es decir un estilo cognitivo, basado en alguna de estas tres ideas:
    • Uno mismo no es lo suficientemente valioso. Es decir, personas con baja autoestima que se centran en sus errores y pasan por alto sus aciertos.
    • Filosofía de la culpa. Si la persona comete un error, debe ser castigada severamente por sí misma en forma de remordimientos y sentimientos de culpa.
    • El mundo debería ser un lugar maravilloso para vivir y cuando no es así es horrible y devastador.
  • Personas que tienen lo que llamaríamos deficiencias en el área social, es decir, problemas en cuanto a su relación con los demás o la falta de un soporte social adecuado.
  • Y por último, una alta inhabilidad para resolver problemas. La tristeza es muy dura de afrontar y en lugar de afrontar el problema de frente, como no sabemos, porque no hemos aprendido, hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, como fumar más de la cuenta, beber alcohol para “olvidar las penas”, o enfadarnos enormemente con los demás por ser así con nosotros.

Así se instauraría lo que llamamos Trastorno por Depresión, este es el proceso que lleva a la persona a hundirse en este estado emocional tan dañino y doloroso. Y en ese caso, si tan dañino es, ¿por qué a la persona le resulta tan complicado salir de él? Lo veremos en el próximo artículo…

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